El movimiento del 15-M ha reunido a gentes con ideologías de lo más diversas bajo el denominador común de la indignación. Este puede parecer hoy día un motivo lo suficientemente poderoso como para hacer que se obvien las diferencias internas al menos durante un tiempo, y pienso que en la duración de este periodo va a radicar la fuerza definitiva del movimiento. Esto lo digo porque en los últimos días el idilio inicial donde todo el mundo parecía unido en base a una motivación apartidista "no hay bandera" se está viendo debilitado a menudo por suspicacias derivadas de conflictos ideológicos de tipo moral o incluso circunstanciales (como el tema de abandonar o no las acampadas). En fin, que me han parecido curiosas en estos días (digo curiosas para evitar entrar en valoraciones) determinadas situaciones relacionadas con temas como el movimiento feminista o gay. Comentarios del tipo "las feministas son todas unas histéricas", "el feminismo es como el machismo pero al revés", o una indignación casposa ante expresiones del tipo "todos y todas", en un intento heroico de evitar una apocalíptica deformación del castellano galante (que por cierto es una deformación del latín ¿no?).Por eso he decidido escribir esta pequeña reflexión, voy a intentar que sea corta para que nadie se canse y entendible para todas las edades. Y bueno, si eres uno de esos personajes que se jacta de ostentar unos privilegios usurpados al resto puedes irte a chuparla dejar de leer ya, no pierdas el tiempo con esta sarta de gilipolleces.
1. El feminismo es un movimiento social. No es lo contrario del machismo. El machismo es una forma becerra y bastarda de aprobar un modo de organización de la sociedad en el que una parte de la misma basa sus privilegios en la sumisión de la otra. En base a esto, al segmento social minusvalorado (las mujeres) se le atribuyen una serie de actividades privativas que serán sistemáticamente consideradas inferiores (ejemplo: trabajo doméstico) e incluso aborrecidas (ejemplo: el tabú marronero de la sangre menstrual). Por cierto, cuando por determinadas circunstancias las mujeres ocupan actividades reservadas a los hombres (ejemplo: hombres a la guerra = mujeres a las fábricas) se produce una inversión mediante la cual la fábrica ya no mola tanto como antes y ahora lo bonito es estar en la guerra, curioso.
Lo contrario del machismo se llama hembrismo, consiste en la minusvaloración y el desprecio de los hombres por parte de las mujeres, y salvo comentarios del tipo Belén Esteban: "Los hombres son todos unos guarros cabrones" y esa clase de basuras, no conozco a nadie que haya pasado a la historia como hembrista. Enteraos de una puta vez: EL FEMINISMO NO ES ESO.
¿Alguien conoce a algún héroe del machismo como Olympia de Gouges, que fue guillotinada por exigir derechos igualitarios para hombres y mujeres en la Revolución francesa (fíjate tú) o Emily Davidson, que se suicidó tirándose a una carrera de caballos en protesta para conseguir el sufragio femenino? El machismo no puede tener héroes porque nunca los ha necesitado. El macho caucásico occidental y heterosexual podrá protestar en tanto que obrero (si es explotado) o en tanto que cliente de una hamburguesería (si le ponen lechuga sin haberla pedido). Pero como macho caucásico occidental y heterosexual no tiene nada por lo que organizarse ni luchar, ya que como macho tiene privilegios sobre las mujeres, como occidental caucásico tiene privilegios sobre el resto de etnias, y como heterosexual tiene privilegios sobre colectivos con otras orientaciones sexuales.
2. Todos y todas. Nuestro lenguaje es una proyección de la sociedad patriarcal: el valiente actúa "con dos cojones", el malo es un "hijo de puta", y así se establece así que la forma correcta de referirse a un grupo sea mediante el masculino plural. Esto se puede aprobar mediante dos argumentos:
a. Es "la tradición". Así lo hemos dicho siempre.
b. Es "lo correcto". Es la convención aprobada por la academia, el plural mayestático (o como se llame).
Construimos nuestra realidad mediante un proceso de conceptualización (es decir ordenamos el caos en forma de conceptos, los cuales toman forma mediante el lenguaje) y ninguno de los dos argumentos anteriores puede negar un hecho: Se nombra lo que existe y lo que no existe no se nombra. Si una mujer habla a un grupo (formado por hombres y mujeres) y dice "todos los que estamos aquí" nadie se extraña, si un hombre habla al mismo grupo y dice "todas las que estamos aquí" allí ha pasado algo raro: "¿cómo que todas? pero si él es un hombre". La mujer necesita entonces un esfuerzo de autoconvencimiento: "Vale, ha dicho todos pero entiendo que también se está refiriendo a mí, es la forma correcta de decirlo", el hombre no lo necesita. Si alguien considera insuficiente está fórmula "todos" y decide explicitar que se está dirigiendo a un grupo formado por hombres y mujeres diciendo "todos y todas" está en su perfecto derecho. Hay cosas más graves por las que quejarse, digo yo.
a. Es "la tradición". Así lo hemos dicho siempre.
b. Es "lo correcto". Es la convención aprobada por la academia, el plural mayestático (o como se llame).
Construimos nuestra realidad mediante un proceso de conceptualización (es decir ordenamos el caos en forma de conceptos, los cuales toman forma mediante el lenguaje) y ninguno de los dos argumentos anteriores puede negar un hecho: Se nombra lo que existe y lo que no existe no se nombra. Si una mujer habla a un grupo (formado por hombres y mujeres) y dice "todos los que estamos aquí" nadie se extraña, si un hombre habla al mismo grupo y dice "todas las que estamos aquí" allí ha pasado algo raro: "¿cómo que todas? pero si él es un hombre". La mujer necesita entonces un esfuerzo de autoconvencimiento: "Vale, ha dicho todos pero entiendo que también se está refiriendo a mí, es la forma correcta de decirlo", el hombre no lo necesita. Si alguien considera insuficiente está fórmula "todos" y decide explicitar que se está dirigiendo a un grupo formado por hombres y mujeres diciendo "todos y todas" está en su perfecto derecho. Hay cosas más graves por las que quejarse, digo yo.
3. Diferencia vs. desigualdad. Uno de los lemas habituales del feminismo ha venido siendo "sí a la diferencia, no a la desigualdad". No hace diez ni veinte, sino miles de años que las sociedades están divididas en grupos por el sistema sexo-género. Ya en los grupos humanos más igualitarios (como las bandas de cazadores recolectores, con una organización prácticamente horizontal y una autoridad apenas existente) se puede encontrar una división sexual del trabajo acompañada de sistemas simbólicos que valoran el trabajo masculino por encima del femenino. La sociedad YA nos ha construido como diferentes, y para la nivelación hace falta un movimiento activo de potenciación del colectivo sometido. Los negros se organizan para exigir igualdad (porque han sido tratados como inferiores por los blancos), los homosexuales se organizan para exigir igualdad (porque han sido tratados como inferiores por los heterosexuales), las mujeres se organizan para exigir igualdad (porque han sido tratadas como inferiores por los hombres).
El argumento "las feministas se están equivocando porque separan a hombres y mujeres cuando en realidad deberíamos ser iguales" no sirve porque ES LA PROPIA SOCIEDAD LA QUE NOS HACE DIFERENTES Y DESIGUALES. Aun en el caso de que se buscara una igualdad total (cosa poco probable de conseguir) haría falta una potenciación igualitarista de los colectivos que se encuentran en calidad de sometidos. Las mujeres hoy van a la universidad y participan en la política porque las feministas lucharon para conseguirlo, sin el movimiento negro Will Smith seguiría sin poder subirse en la parte delantera del autobús. Para combatir la desigualdad primero tienes que aceptar que te están tratando como diferente (e inferior), tan difícil no es.
Ejemplo tipo LOGSE: Tenemos una balanza. Previamente hemos colocado dos kilos en un platillo y cuarenta en el otro, y ahora queremos equilibrarla. ¿Qué hacemos? ¿Poner cada semana un kilo en cada platillo (con lo cual perpetuamos eternamente la desigualdad) o empezar a poner más kilos en el platillo que tiene menos hasta que queden nivelados? (Nuestra sociedad lleva miles de años poniendo los kilos en el platillo del macho, es lo que hay).
El argumento "las feministas se están equivocando porque separan a hombres y mujeres cuando en realidad deberíamos ser iguales" no sirve porque ES LA PROPIA SOCIEDAD LA QUE NOS HACE DIFERENTES Y DESIGUALES. Aun en el caso de que se buscara una igualdad total (cosa poco probable de conseguir) haría falta una potenciación igualitarista de los colectivos que se encuentran en calidad de sometidos. Las mujeres hoy van a la universidad y participan en la política porque las feministas lucharon para conseguirlo, sin el movimiento negro Will Smith seguiría sin poder subirse en la parte delantera del autobús. Para combatir la desigualdad primero tienes que aceptar que te están tratando como diferente (e inferior), tan difícil no es.
Ejemplo tipo LOGSE: Tenemos una balanza. Previamente hemos colocado dos kilos en un platillo y cuarenta en el otro, y ahora queremos equilibrarla. ¿Qué hacemos? ¿Poner cada semana un kilo en cada platillo (con lo cual perpetuamos eternamente la desigualdad) o empezar a poner más kilos en el platillo que tiene menos hasta que queden nivelados? (Nuestra sociedad lleva miles de años poniendo los kilos en el platillo del macho, es lo que hay).
Una mujer que dice “el feminismo es una gilipollez” es el equivalente a un negro que dice “el movimiento negro es una gilipollez”, o a un cochino que dice “el vegetarianismo es una gilipollez” (no hace falta ser un hombre para ser machista, y del mismo modo una mujer que se autoproclama feminista no tiene por qué serlo). Aunque asumo que esto se debe a un elemento estratégico para el poder: LA DESINFORMACIÓN. La mayoría creen que hembrismo y feminismo son lo mismo. Esto nos lleva al siguiente punto y termino ya.
4. ¿Por qué todo el mundo tiene una opinión sobre el feminismo, pero casi nadie tiene ni puta idea se interesa por saber lo que es?
Esta parte me encanta. No es raro encontrarse con progres y gentes alternativas culturetas jactándose de sus opiniones críticas sobre el capitalismo, la sociedad de consumo, la clase política, los banqueros, etc. Sin embargo, cuando oyen la palabra feminismo la asocian a otro orden de cosas: es un asunto de pollas, coños y eso… no es política, no es sociedad, son cuatro histéricas que salen en la tele gritando mierdas, es la misma basura que el machismo pero al revés… etc.
Esto se puede encontrar también en toda la primera historia de la filosofía y de las ciencias sociales. Engels fue uno de los primeros en tratar someramente el tema en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, pero el tipo estaba tan obnubilado con su sujeto revolucionario proletario que llegó a aseverar que entre la clase obrera no existía la subordinación de género: El origen de la sumisión de las mujeres estaba en la propiedad privada, y como entre los obreros no existía propiedad privada, pues tampoco existía el machismo (este es un problema habitual del burgués ilustrado que describe un suelo sin haberlo pisado nunca).
El patriarcado es la primera forma de subordinación, la más básica y elemental. Antes de un empresario explotando a un obrero, antes de un blanco esclavizando a un negro, antes de un banquero forrándose con nuestras hipotecas, hubo un hombre sometiendo a una mujer. Así que todos esos izquierdistas comunistas ecologistas progresistas y una larga colección de -istas (perdón si me he olvidado el tuyo) que se indignan con el desplazamiento de la industria a los países subdesarrollados (pero que no tienen problemas en decir que las tías son todas unas putas o que el feminismo es una gilipollez) deberían plantearse sacar de la biblioteca municipal algún libro sobre historia del feminismo (si es que tuvieran la suerte de encontrarlo), para hacer coherente una postura que debería ser contraria a CUALQUIER forma de explotación.
Esto se puede encontrar también en toda la primera historia de la filosofía y de las ciencias sociales. Engels fue uno de los primeros en tratar someramente el tema en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, pero el tipo estaba tan obnubilado con su sujeto revolucionario proletario que llegó a aseverar que entre la clase obrera no existía la subordinación de género: El origen de la sumisión de las mujeres estaba en la propiedad privada, y como entre los obreros no existía propiedad privada, pues tampoco existía el machismo (este es un problema habitual del burgués ilustrado que describe un suelo sin haberlo pisado nunca).
El patriarcado es la primera forma de subordinación, la más básica y elemental. Antes de un empresario explotando a un obrero, antes de un blanco esclavizando a un negro, antes de un banquero forrándose con nuestras hipotecas, hubo un hombre sometiendo a una mujer. Así que todos esos izquierdistas comunistas ecologistas progresistas y una larga colección de -istas (perdón si me he olvidado el tuyo) que se indignan con el desplazamiento de la industria a los países subdesarrollados (pero que no tienen problemas en decir que las tías son todas unas putas o que el feminismo es una gilipollez) deberían plantearse sacar de la biblioteca municipal algún libro sobre historia del feminismo (si es que tuvieran la suerte de encontrarlo), para hacer coherente una postura que debería ser contraria a CUALQUIER forma de explotación.
Entiendo que, de alguna manera, ese desprecio sistemático por el movimiento feminista puede ser un modo estratégico de conservar una forma de subordinación que está en los pilares de toda sociedad. Se desprecia lo que es amenazante para el equilibrio, pero me encrespa de mala manera ver a mujeres que reproducen ese desprecio en su propio discurso. La desinformación; programas basura en la televisión donde la palabra feminismo aparece ligada a toda esa mierda tipo canal cosmopolitan… diseño de interiores, sexo en nueva york, moda, maquillaje… (perpetuando los estereotipos de género), personajas lamentables en la prensa rosa que se dicen feministas por gritar improperios contra los hombres, padres diciendo en la mesa a la hora de comer que las feministas son gilipollas… El caso es que después de todo uno se encuentra a niñas de quince años que se han apuntado a un gimnasio femenino porque "el novio no las deja ir a uno mixto" (eso con suerte, más adelante vienen las tortas y las patadas en el hígado).
En fin, he tratado de simplificar un tema muy complejo y me he dejado gran cantidad de cosas, pues esto ha sido más un desahogo personal que una exposición premeditada de ideas. Gracias a quien leyó hasta el final.
Bibliografía: Superpop nº340
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