sábado, 18 de junio de 2011

Festival nocturno en Vancouver

Esto de internet tiene un alcance del copón: en esta ocasión un grupo de amantes del hockey, participantes activos e implicados con la comunidad virtual, se ha congregado para dar respuesta al título de este recién horneado blog. Joder, jamás esperé que tuviera tan buena acogida.
Efectivamente, el caos empezó la pasada noche del 15 de Junio en la ciudad canadiense de Vancouver. La inasible tendencia a la lucha de clases derivada de la dialéctica opresores – oprimidos finalmente se consumó para inaugurar un nuevo ciclo histórico que traerá un nuevo orden mundial. Es broma, sencillamente un grupo de aficionados de los Vancouver Canucks eligió la opción “destrozo de mobiliario urbano” como mejor forma de sofocar el cabreo provocado por la derrota de su equipo. Pero hamijos, esto y sólo esto es el verdadero caos: la ausencia total de planificación, la disolución final de toda proyección y lógica utilitaria en un momento de efervescencia colectiva y despiporre absoluto. Destruir, destruir, destruir. Pantallazo azul de Windows = Colapso = Reiniciar maquinaria. Cien personas hospitalizadas, seis apuñaladas, en fin, un pitote de los buenos. 
Jacobo incitando a la masa
La pregunta es ahora si este jolgorioso festival callejero significa algo más allá de “un montón de locos rompiéndolo todo”. Jacobo piensa que sí, y como para decir que no ya está la opinión pública, vamos a ver qué nos cuenta este puto majarón. ¿Por qué esta turba reaccionó de tal manera? ¿No hay acaso cantidad de personas soportando unas condiciones de existencia peores que infames con total resignación y sin hacer ruido? Maldita sea, debe tener una explicación.
En marzo de este mismo año, un grupo de hinchas de un equipo de fútbol colombiano, el Cúcuta Deportivo, consiguió colar un ataúd al estadio para brindar al muerto una especie de despedida ritual. Tiene todo que ver con Vancouver. Puede ser un efecto de algo que un tipo con barba llamó el desencantamiento del mundo (o de un mundo que sólo nos encanta como individuos), pero parece como si esos efímeros deleites que nos brinda el consumo, cuando desaparecen al instante siguiente de producirse, nos hicieran añorar los ancestrales rituales comunitarios. Esos momentos de disolución de la individualidad en un algo más grande, que en este caso toma la forma de turba enfurecida.
Sólo tengo 20 visitas semanales a mi myspace, 
Wendy ha rechazado mi invitación para el baile 
de fin de curso porque irá con el capitán del
equipo de lucha, no entiendo por qué el 
downgradede mi PSP no se actualiza... Maldita
sea mamá ¿Por qué tuviste que traerme a este
lugar tan cruel? (Véase también: alienación)
La cuestión que alguno se estará preguntando es ¿De verdad tiene sentido que armen esto porque su equipo pierda un partido mierdoso? Pues puede tener el mismo sentido que una guerra entre naciones, es decir, el que un grupo de personas en común decida otorgarle: todo o ninguno. Puede que la idea de nación se antoje más solemne que la de un club de hockey, pero ¿quién decide lo que es solemne si no el que cree en la solemnidad? Efectivamente, la derrota de Vancouver puede ser algo tan trascendente y terrible como el peligro nuclear iraní. Por otra parte, tratar de comprender cómo ha podido hervir hasta tal temperatura la mala leche que llevaba dentro esta gente quizás necesite trascender el mero hecho del partido.
No podemos saber si la turba enfurecida es consciente de la trascendencia de sus actos, pero cualquiera de estos pitotes (por infundado que parezca), no deja de ser el signo manifiesto de que el personal está cabreado. Exacto, somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. Somos construidos como autómatas en estado de inopia continua, como sujetos-objeto de un mundo feliz. Pero cuando el ciborg, en un desagradable momento de lucidez, percibe lo falso de su realidad (cuando las cosas no salen bien como en las pelis o cuando a tu equipo de hockey le dan por el culo) el colapso puede ser tan bestial como bendito. Parece entonces como si la misma inopia que el sistema necesita generalizar para perpetuarse al final terminara por volverse disfuncional y potencialmente destructiva. O si no mirad al chino de la foto de la izquierda. El espectáculo puede necesitar de individuos acríticos para garantizar su existencia, pero por muy incomprendidas que sean la ira y la frustración siempre pueden terminar canalizándose en forma de tortacas contra el primero que pase. Jimmy se rebela contra aquello que odia tanto como ama.
Otra cosa que se oye mucho es que cuando la masa mayoritaria de oprimidos se rebele a los ricos les va a faltar calle para correr, pero al final resulta que el colapso se da entre los propios protagonistas del país de las maravillas. ¿Qué te ha pasado John? Maldita sea, tuviste que hacer caso a tu abuelo y buscar un jodido trabajo, uno de verdad, joder John, maldita sea John. 


Si lo que pensaste al ver esta imagen fue “puto loco de mierda” tu inventiva es nula. Yo por mi parte creí verlo bastante claro: Los casi cinco millones de canadienses con ascendencia escocesa claman al fin por una reapropiación de sus raíces identitarias. En este caso, realizando una demostración de lanzamiento de cáber, deporte tradicional escocés consistente en lanzar un tronco de la ostia (sustituido aquí, por motivos claros de condicionamiento del hábitat, por un maniquí desprovisto de sus extremidades superiores). Sin embargo, la corrida de análisis semiótico ha revelado una condensación mucho mayor de significados que el buen Jacobo se encarga de mostrarnos a continuación. Efectivamente, las pequeñas cosas son las que pueden hacer maravillosa la vida:
El Espectáculo presente en su iconografía contempla la escena impasible, desde una posición alta y bañada por una luz cálida. Pero coño, la que se le viene encima no es chica. La imagen viva de la belleza sublimada, que recuerda a todas las mujeres lo ideales que nunca llegaran a ser, va a recibir el impacto del mismo proyectil con que nos lleva años agujereando el culo. Exacto, el puto maniquí, el testimonio último de la hiperrealidad, ese que pone en duda si el verdadero mundo es el de fuera o el de dentro del escaparate, ese puto maniquí se dirige impotente contra la cristalera que salvaguardó su acogedor hogar bajo la mirada protectora del exquisito holograma. Y el que lo lanza no es sino un tipo que seguramente gasta la mitad de su dinero en McDonals y la otra en porno (que por cierto, ¿Por qué lleva pantalón corto por abajo y chaquetón por arriba?). A la mierda el canon Johnny, este es el mundo real, el tubo es mentira, ¡El tubo es mentira! Reconócelo rubia, detrás de esa mirada sensual de mujer-florero sumisa y disponible hay auténtico pavor. Mientras tanto, el maniquí que aún permanece en el escaparate se lleva las manos a la cara en una muy sofisticada pose de sorpresa: "¡O sea, oh my god!".
A continuación una de las más maravillosas colecciones fotográficas que he visto en mucho tiempo:

"Venga James, al cuadrado, triángulo y patrás: ¡Ayuuuken!"
"Esta noche lo parto en Facebook"

¿26 años esperando que Jackie Chan rodara la cuarta entrega de "Los supercamorristas" pa esta mierda?
Al pillaje y al saqueo, ¡¡por fin!!
"Joven, entiendo tu frustración, pero me acabo de chutar la testosterona y estoy que ardo"
"Jenny tía, me encanta el hockey tía, o sea, ser animadora es lo mejor tía"
PD. Que nadie se asuste, lo de arriba era mentira. Mañana estarán todos en Wallmart comprándose un iphone y vuelta a empezar.


1 comentario:

  1. Jacobo incita la violencia y eso solo significa una cosa GO, FIGHT MOTHERFUCKER, RUN! yes that's right!

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